Ahora que lo pienso quizás por eso disfrutaba servir cafe, porque era un oficio, es lo único que he hecho además de ordenar papeles, era un oficio noble , cuidado y que hacía feliz a la gente. Servir cafe me acercaba al arte de hacer, de lo artesanal.
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Mostrando entradas de agosto, 2025
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Anoche mientras leía el prólogo de un cuento de Ribeyro tuve claridad, en mis primeros años de vida cometí una gran equivocación al pensar que existía racionalidad alguna que motivara los actos del ser humano. Pero no, no hay racionalidad alguna, el escritor llevaba 4 semanas intentanto dar con Ribeyro, hasta que una frase ilusa, descuidada y sin sentido lo llevó a concretar esa ansiada cita.
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Su cara reflejaba la locura. O quizá la verdad. Solo tenía la calle. Solo se tenía a él mismo. —Gracias por confiar —me dijo—. Hoy ya nadie confía en nadie. ¿Y qué iba a ser yo ante tanta vulnerabilidad? Podría haber seguido mi camino, fingiendo no haberlo visto. Pero sus ojos… sus ojos eran transparentes, como los de un niño. No había maldad en esa mirada; solo confusión, solo abandono, solo la certeza del vacío. Porque tal vez a eso estamos condenados si nos negamos a subirnos al tren de la productividad y del consumo: despojarnos, conscientemente, de lo único importante. Y, poco a poco, convertirnos en él: el resultado de quienes no pueden, o eligen no, subirse al tren.
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A diario busco no aferrarme a las certezas, y a medida que cae la noche, me observo y declaro haber fracasado en un vano intento. Es difícil, cuando se ha transitado siempre así. Es difícil, es difícil, si antes de cada paso siempre ha habido una línea dibujada, siempre una línea, siempre la misma línea.