El sillón negro.
Son las 22 horas y me encuentro en el mismo sillón donde tantas veces odie la vida, vomité la vida, amé la vida y me resigné ante esta, en un ciclo continuo sin aparente pronto final. Uno siempre vuelve al lugar donde amó la vida dice la canción las simples cosas, y así es donde todo objeto por insignificante que parezca siempre está dotado de sentido para quien lo puso y hábito con él, en el lugar preciso, en el momento exacto. Todo siempre está tan lleno de significado, aunque a veces pase tan desapercibido para un espectador siempre ocupado. Dicen -y reafirmo- que uno de los talentos del poeta está en la observación. Uno jamás piensa que sería tan pronto ese momento en donde te haces tan consciente de la vida, que te pesen los tan pocos años y un poco de amor, pero acá estamos llenando la copa de nuevo en forma circular. Y cuando cae la primera lágrima uno sabe se avecina una tormenta, aunque uno ya no sabe si se llora por amor, por el vacío del amor o por la vida misma. Pero h...