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Mostrando entradas de mayo, 2024
 Creo que estoy perdida nuevamente. 
Cuando tenía la edad de Violeta, me escondía debajo de las frazadas y suplicaba con todas mis fuerzas que el paso del tiempo fuese más rápido, para dormir me imaginaba a mi misma viviendo una vida en paz, soñaba con abandonar esa casa donde estaba Erna, que nos gritaba y siempre estaba enojada. ¡Qué tiempos esos! como detestaba vivir en aquel entonces, no se de donde saqué motivación para seguir adelante, pero sin duda seguí. Y aquí estoy ahora, adelante. 
Es una locura esto de no dejar de pensar en algo una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez. Si quiero volver a vivir debo dejar la cabeza en paz.
 La inteligencia es la plasticidad conductual ante un mundo cambiante. 
Maturana y Mistral son mis dos grandes guías, siempre me centran en lo importante 
 Estoy agotada mentalmente, hay días que siento que ya no puedo más. 
 Lo único bueno del horario de invierno es que a la 7 de la mañana ya salió el sol. 
ay!
 Un nuevo día con amanecer naranja. 
Vi esos ojos almendrados mirarme entre el olor a pinos a través de la reja, acercó su mano hacia la mía y mi corazón no pudo más de la emoción. Recordé esa foto de Violeta, eran los mismos ojos sonrientes que decían te amo mamá. 
A veces llego a creer que hasta está mal que escriba, cuando el único motivo de escribir es sanar mi jodida alma herida, es algo incomprensible inclusive para mí,  pero es real que duele, ay como duele a veces estar vivos.
 Comienza el día en compañía de la luna. 
 Amo de mi pequeña Agustina eso de ser obsesiva con los pequeños detalles, observarla en sus momentos de plática en donde no se calla nunca es una de las felicidades más profundas del día a día.
Tengo tantos deseos de que todo sea más sencillo. Solo quiero amar y entregar ternura; no quiero dramas, solo quiero amar y comprender. Solo quiero amar, amar, amar, amar y llenarme de todo ese amor que no tuve cuando era niña, cuando me ocultaba debajo de las frazadas soñando y anhelando el día en que ya no tendría que tolerar malos tratos ni desaires. 
 Cuando hace 14 años me preguntaron cómo me veía en 10 años, hoy en día me respondo que nada de esto veía en mi futuro.
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Espere 60 minutos en el auto, mirando en la dirección donde los vi entrar, no se que esperaba, pero algo esperaba. 
 “La mayor parte de los dolores de nuestra existencia son culturales. Pregúntese dónde le duele la vida y verá que no es en su cuerpo y verá que la vida le duele en los espacios donde no es visto, en donde está usted siendo negado, en sus espacios de desamor, duele no contar con el respeto de sus compañeros de trabajo o de sus vecinos, de su familia y amigos. Verá que en el fondo lo que nos mueve a los humanos es esa necesidad ancestral de ser reconocidos, que significa que nos valoren, que consideren nuestra aportación al grupo y que nos lo demuestren en su trato con nosotros. Eso es lo que está detrás de todos, incluso detrás de quien se compra grandes coches, aviones de reacción o grandes palacios: queremos que nos quieran por puro mandato biológico. Porque sólo en el espacio en el que se tiene presencia, se es productivo y se puede convivir con satisfacción”. —Humberto Maturana— “Amar a un ser humano es aceptar la oportunidad de conocerlo verdaderamente y disfrutar de la aventu...
 Nacimos para ver y escuchar el mundo. Nacimos para amar. 
Que el amor sea siempre la respuesta. Priorizar al otro por sobre uno. Acompañar aunque haya incomodidad, saber hasta donde uno puede entregar, sin esperar reciprocidad, pero ojalá recibirla. 
 Ahí estaba la noche tan oscura y tan fría, hasta que de pronto las nubes avanzan y entre dejan  ver la luna, brillante, luminosa, casi llena. 
 La ternura siempre triunfa. 
 Ante una mirada quedamos desnudos. 
 Dos personas que cariñosamente se toman de la mano, el amor , un acto de fe .
 La vida es frágil, pero no cobarde.
El silencio de la noche me atormenta. 
La vida es un misterio azaroso y por más que persigamos las certezas, esta es una búsqueda sin sentido. 
No puedo decir nada sobre ti, pero si sobre mi. La vanidez de intentar decir algo sobre alguien, cuando escasamente podemos decir algo únicamente de nosotros mismos, me equivocado tantas veces.  Toda la vida he estado obsesionada en tener certezas, me gustan las estructuras sólidas. 
Reconozco lo que me provoca el dolor, rehuyo de él como de las cucarachas. Cuando pienso en dolor el primer recuerdo que se me viene a la mente (y al cuerpo) es el de mis días en el hospital.  Todas las mañanas venía una enfermera, me ponía de lado y todo mi peso se cargaba sobre mi cadera rota, que dolor más de puta madre era ese. Rogaba que todo eso terminara, fantaseaba con el día que ese dolor acabara.  Así como rogaba años antes que la Erna se fuese de mi vida, impotencia enorme la de esa mujer maltratadora, con el ceño fruncido, sus gritos, hicieron de mi niñez y adolescencia una tortura inacabable.  Hubiese querido en aquellos años, encontrar la ternura de un abrazo fuerte, pero aprendí a mirar el horizonte y abrazar el futuro esperanzador. 
 Cuantas vidas se vive en la vida. Ese es el asunto.