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Mostrando entradas de febrero, 2025
 Cuando nacen los niños, todo en la vida cambia. 
 Ya en el sur, con menos ruido y mas distancia todo se ve distinto. 
Leí sobre el perro pongo, y no pude dejar de pensar en la Melona, o en mi hija hablándome de Melona, un gato que no conozco en una casa que desconozco, en una realidad dual en donde mi hija le da comida a un gato desconocido para mi, será naranjo, romano o negro me pregunto, me resulta difícil ver a mi hija en se escenario. 
 Los puentes ferroviarios son una verdadera obra de ingeniería y arquitectura, en la gran mayoría de los casos bellísimos y complejos, como el puente Mallecos. 
 Me gusta pensar en el abismo o más bien imaginarme un abismo, lo relaciono con la complejidad humana, pienso que a lo mejor siempre estamos caminando al borde de este precipicio, que nos lleva a desatar las pasiones más oscuras. 
Me encontré a mi misma haciendo una vez más la maleta, repasando en la cabeza las cosas necesarias para el viaje . Eran las 20 y se hacía tarde, una vez más había pasado toda la tarde ordenando la pieza de mis hijas. 
Mientras las abrazaba pensé: en que momento enseñamos lo importante, en qué momento aprendí lo importante. En qué momento tomé consciencia que la vida es un arte que se cultiva desde nuestra primera consciencia, pero vivimos mucho tiempo en las cavernas, quiero alejarme de ellas lo más que pueda aunque sin duda deambulo de caverna en caverna.  Hoy, reconociendo que soy atolondrada, también veo con perspectiva y me siento agradecida, aunque los caminos de las decisiones que tomamos nos alejan, pese todo eso, soy una afortunada.  A estas horas de la noche las escucho, y desearía haber puesto un poco más de atención a sus cantos, a lo lejos resuena en mi mente la canción de los capibaras tatareadas por ambas, y se que ese precioso momento no volverá. No es que no haya estado, no es que no les haya puesto atención en ese instante, pero hay breves momentos en donde me voy, y comienzo a ocuparme de cosas que no son lo importante, que el calor, que él hambre, que los pies. Todo eso e...
Fue algo no esperado. Me senté en terraza más fantástica que alguna vez visité en Valdivia; en ese sentar solo quería silencio para apreciar el viento y las barcazas del Calle Calle mientras hojeaba mi anhelada adquisición: el libro de Zymborska editado por la UACh.  De pronto, hacia el horizonte, ahí en el fondo, bien en el fondo, se apreciaba el edificio burdeo; ese que por un breve espacio de tiempo transite habitualmente; ahí estaba, mirándome la única edificación de altura de esa zona de la isla, mientras yo recordaba con algo de nostalgia esos días que hoy recuerdos se sienten como parte d eun sueño lejano.
Observando todo desde esta perspectiva, la gran mayoría de las veces he sido y soy una absoluta idiota. Me gana la inmediatez, como una prisionera del tiempo, soy un ser nostálgico que oscila entre el pasado y el futuro, con gran dificultad para situarme en el presente.  
Leí Park Avenue y claro, no pude no pensar en el primer bagel que comí, ni más ni menos, que en la ciudad de  New York, era un negocio de esquina, contenía abundante queso crema y salmón, era un día frío pero se sentía de película, tal como Jessica Parker caminando por la 5th avenue.  Todos esos recuerdos brotan toda vez que sintonizo una película que transcurre en la gran ciudad. La sensación de transitar una ciudad sin límites de historias infinitas como la de 84, charing cross road. 
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 El tránsito matutino en el terminal valdiviano  es lento, oscuro y algo nostálgico. No olvido la primera vez que salí de aquí para cada año volver menos. Eso fue hace 15 años.  Me acuerdo de otros años, cuando tomaba el interurbano s diario, cerraba los ojos y comenzaba a imaginar a qué altura del trayecto íbamos, dejándome guiar por la imaginación y la percepción del tiempo, cuando abría los ojos tras 20 minutos, me sorprendía cuando ya habíamos logrado salir de la ciudad, sorteando los más de 10 paraderos  del trayecto, en cambio, cuando esto no era así , me provocaba una desilusión profunda.   En ese trayecto, pensé en mi amiga Regina, y no pude evitar preguntarme qué se sentirá estar casada, que se sentirá tener ese proyecto conjunto, esa certeza, aunque sea ilusoria, del infinito. Hoy día en el baño leí una inscripción que decía  No solo La Tecnología está destrozando nuestra capacidad de concentrarnos sino que está destruyendo las historias . Au...
Toda vez que viajo a Valdivia comienzo a hacer las maletas mentalmente  un par de días antes del viaje, pienso en aquellos elementos indispensables, repaso mentalmente los elementos necesarios: que la mochila, los zapatos, vestido o pantalones, el mejor momento: la selección de los libros, siempre intento que no sea una apuesta demasiado ambiciosa, pero siempre fracaso en esa idea. Una vez que termina el viaje no he leído ni un décimo de lo propuesto. Esta vez me equivoqué gravemente, no lleve ninguna novela conmigo! 
Porque la tecnología y no las artes, porque ese maldito afán de acelerarlo todo, de quererlo todo de inmediato. 
Uno desea vivir en la certeza, tener certezas que algo será para siempre, que eso estará ahí cuando se despierte, pero lo lamentable es que así como la verdad, lo cierto no existe, jamás ha existido y jamás lo hará, no existe posibilidad de certeza, porque todo es un asunto de perspectivas, uno puede creer que se acerca a algo que parece cierto, pero nunca podrá estar absolutamente seguro de eso.  
Anoche lo entendí, lo entendí muy bien mientras miraba el tránsito oscuro de aquella calle, lo que sucede es que uno se va llenando de pequeños y grandes duelos, y vivir es lograr acarrear con todos ellos. Hay momentos que se pierden y que simplemente no serán, y eso es, no hay más.