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Mostrando entradas de enero, 2025
Ciudades invisibles. 
Recibir un libro de regalo es de los simbolismos que más me honran. 
Esa calle siempre tenía un aire a desconsuelo, un sin fin de sueños teñidos de la miseria del tiempo y la falta de desarrollo social y económico, entre todo eso uno se encuentra con antiguas amistades de una época que hoy parece muy lejana.  Toda esta avalancha de recuerdos trae consigo la angustia de los recuerdos de otra vida mucho más vertiginosa que la de hoy, mientras escribo intento levantar la cabeza. Durante la mañana no pude concentrarme en esa jaula blanca, fue una especie de tortura para mi mente, menos mal ahora estoy aquí, en esta calle triste, junto a mi corazón triste y m alma desolada. . 
 Dónde  estás. 
Renunciar al vehículo es renunciar al espacio acelerado, es cómo renunciar al internet, es simplemente transitar sin apurar el ritmo del andar. 
 Desearía mucho que los celulares no existiesen, que las redes sociales no existiesen. Que el tiempo se dilatase en cada momento, donde no haya lugar para escapar en esos segundos de hastío, más que hacia nuestros más profundos pensamientos. En la mañana leí una carta de S, que me escribió hace casi 10 años, parafraseando algo que le había dicho la noche anterior: nunca había escuchado - me decía- , que alguien dijese que la calidad de una relación la midiese en momentos y no en tiempo.  Hoy pienso que en esa confesión hay una relación evidente entre el significado de un momento y el tiempo, porque los segundos, los minutos, la vida no es nada sin los momentos que marcan la vida, son los momentos los que hacen una relación, no la extensión del tiempo, una vida entera podría no ser nada sin momentos que apreciar de ella.  Quizás lo que quise decir es que los momentos son que le dan sentido al  tiempo, que lo demás es solo un constructo para medir el movimiento de un á...
Deseo de navidad. Un libro siempre nos cambia. No somos los mismos después de sumergirnos en una lectura. Releo y releo esa primera página, como si hoy significase algo, como si leerla cambiar a algo. 
 Y yo sigo cada noche leyendo libros y leyendo sobre libros, pensando algún día en esa infinita biblioteca y las estrellas. Y en la desolación, el silencio, el alcoholismo y la miseria de una vida bien vivida, porque no es cierto que una buena vida sea una vida feliz, una buena vida es una vida coherente. Solo los grandes desafíos pueden compensar el esfuerzo de embalar y desembalar toda una biblioteca, doy fe de eso. 
Y me senté en silencio en esa sala, y estaba sola, absolutamente sola. 
 Leí la palabra angustia y tuve que detenerme a pensar en ella. 
Ahí estaba ella, mi madre su gato, y mi otrora perro, no se si referirme a él efectivamente como mi perro, ya que en términos reales siento que nunca lo fue. 
Libre de duda incoherencia y paradoja , las matemáticas ni yo aceptamos  inconsistencias, paradojas ni contradicciones.  Y esta definición es mi mayor contradicción.
al final las historias se reescriben sobre los mismos lugares. 
 Me senté a leer parte de la biografía de levrero mientras vi a través del balcón cómo se acercaba una bruma espesa. Pensé en V que se había ido sin poleron, y sin siquiera bañarme salí en su búsqueda, la sola idea de pensar en mi hija temblando de frío me estremeció por completo. 
Ahí estaba el vacío, no pude evitar observarlo durante toda mi breve estadía, me dolía, porque sabía que ese día llegaría, lo espere acuciosamente, lo observé toda vez que entre a la sala, y ahí estaba.   
 La vida se desarma en ocasiones, hay desajustes y todo queda ahí, en el suelo. Cuesta volver a reconstruir, y no estoy segura que se pueda. 
 Habitualmente siento que mi corazón se descompuso. 
 A veces aún sueño. 
 Los sueños se presentan como cuentos fantásticos dada la imposibilidad de los sucesos, por ejemplo anoche, soñé con la Sicologa, curiosamente nos hacíamos amigas y ella me contaba algunas de sus tormentos mientras se tomaba una copa de vino y se bañaba en una piscina en medio de una pampa y yo la escuchaba, solamente la escuchaba en esa especie de campo que no sabría bien donde estaba ubicado.
Me fascina sentarme a leer en el balcón los domingos por la mañana, algunas de las crónicas de balaños que ante mi mal gastada cognición  debo releer al menos unas 3 veces. Algo ha pasado en estos años, debo agregar con orgullo, y es que me sorprende ser capaz de reconocer nombres de autores en los artículos de Bolaño, esto no sería posible sin la recomendación de M, que por ejemplo me permitió reconocer el nombre de Juan Forn y saber quién era Juan Forn.