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Mostrando entradas de marzo, 2024
¿Qué es el tiempo?  Esta pregunta se ha mantenido por mi cabeza en segundo plano durante estos días para mantenerme distraída de aquello que estaba sintiendo. Me sigue obsesionando comprender que es el tiempo. 
Mi problema es que sin quererlo exijo demasiado. Y no me doy cuenta inmediatamente cuando lo hago. Me suelo frustrar cuando las cosas no son como las había planeado. 
 Quisiera darme más lugar para los excesos. 
Existen momentos en el que quisiera que mis hijas volvieran a nacer. Desearía enfrentar todos aquellos momentos tormentosos desde otra perspectiva, desearía tener más anhelos en la espera. Quisiera que esta tuviese más momentos dulces, y yo ser más dulces con ellas.  Quisiera actuar más desde el amor y no desde lo autómata. Quisiera sentir el calor de V y S en mi pecho y disfrutar esos segundos que nunca más volverán. 
 Era increíble como en 6 oriente se escuchaban los pájaros, cientos de ellos en la copa de los árboles silbaban. Era como estar en el bosque, pero en la ciudad, no pude hacer más que encender un cigarrillo y sentarme a escuchar unos minutos. 
Ese era el vaivén del cual huyo, y está bien huir del dolor. A veces uno no huye, porque no puede hacerlo, como la vez que postrada en el hospital la enfermera todas las mañanas se acercaba a mi y me ponía de lado sobre la cadera rota para asear mi cuerpo desnudo, que dolor más jodido era ese. Cuando siento dolor, recuerdo ese momento, y huyo , huyo, huyo, porque ahora si puedo hacerlo. 
Creo yo, que existen en este mundo dos tipos de atormentados, pero un solo tormento, enfrentar la búsqueda del sentido a la existencia se enfrenta desde un rechazo a las normas o una perfecta adecuación a ellas. 
 No alcanzó a sonar el temporizador que había dejado V. antes que se fueran, cinco minutos faltaron para que sonara, ningún adiós es menos doloroso que el anterior, ver los ojos de la pequeña S. alejarse,  son emociones e imágenes que jamás olvidaré
 Y se termina el día, en la casa hay caos, las niñas duermen y pienso en la nariz de agustina, hace un rato me metió un moco en la boca. Pienso en su nariz redondeada y sus ojos intensos. 
 Era el alma anhelando un lugar seguro. 
Construimos relaciones con un cúmulo de vivencias, momentos cargados de recuerdo que conectan unos con otros.  
A las 5  de la mañana se comienza  a sentir el movimiento de la ciudad, el leve sonido del roce del agua contra el cemento deja en evidencia la lluvia tenue que se hizo aparecer en la ventana. Padres y niños cruzan la vereda, autos, pero no muchos son parte del paisaje matutino de los días de semana. De vez en cuando, la risa de niños pasar, y es inevitable pensar en mis niñas. 
Vivimos en este absurdo, en mi caso obsesionada con intentar hacer las cosas bien, a veces me es una tortura lidiar conmigo misma, inimaginable lo que me cuesta hacerlo con otros. 
Desde el balcón se veía la luna indirectamente entre los ventanales del edificio colindante, a medias y todo, era bella, la luna creciente era bella. A estas horas, en la ciudad se escuchan alarmas y gaviotas, uno que otro auto de la avenida libertad, arden los ojos pero el corazón late fuerte.  Leer y vivir en el velador. Veamos qué deparan las próximas páginas. 
Escribir es fotografiar el momento con palabras, dejar salir una emoción para seguir en movimiento. Escribir es destrabar un cauce.
domingo por la mañana. 
 Absolutamente hundida en el fondo de mi cabeza. 
 Yo no entiendo como son las cosas. Al final siempre hay algo más importante. 
Lavar la loza y en el silencio de la noche escucho la gotera que en una semana llenó un balde con agua. Hace frío y no tengo sueño. Me atrapo en el teléfono con contenido basura. Hace una semana que no tomo un libro. ¿Qué pasa? Deseo tener en mis manos lugares sagrados de Squella. 
 VOLVER de Idea Vilariño Quisiera estar en casa entre mis libros mi aire mis paredes mis ventanas mis alfombras raídas mis cortinas caducas comer en la mesita de bronce oír mi radio dormir entre mis sábanas. Quisiera estar dormida entre la tierra no dormida estar muerta y sin palabras no estar muerta no estar eso siquiera más que llegar a casa. Más que llegar a casa y ver mi lámpara y mi cama y mi silla y mi ropero
Hace ocho años una noticia me cambió la vida. 
Abrazar aquello que nos hace bien, todo aquello que hace que nuestro corazón vibre, eso que se ama, como los abrazos de tus hijos, la mirada enamorada,  el café, los libros, el vuelo de los pájaros, el tiempo, cómo nos jode el tiempo. 
 ¿Cómo encontrar las mejores palabras?
Aceptar que la vida no tiene un significado particular es liberador. Superar el vacío aceptando que nuestra existencia no tiene ni debería tener ninguna pretensión particular. Podemos sí,  trazar en nuestra cabeza aquellas algunas ideas.